La licencia médica

Si hubiera sabido lo que significa la licencia médica para la gente en Chile, y que de mí dependería la responsabilidad de hacer o no hacer una, me habría planteado mi vocación. Cuando un paciente me pide licencia siempre le pongo la misma cara de pocos amigos; peor aún si me la pide un conocido o un compañero de trabajo, o la licencia es para ‘algo’ y no ‘a causa de una enfermedad’ (que es lo que debiera ser, en estricto rigor). Tener el poder de permitir a alguien que falte a sus labores no es agradable, más aún cuando eres permanentemente cuestionado por las autoridades. y se piensa por default que la licencia es ‘trucha’.

Por estos días se está cuestionando a muchos colegas por hacer muchas licencias médicas; mi tasa de licencias es menor a una al día, y aún así el COMPIN me molesta pidiéndome informes con el diagnóstico y los fundamentos clínicos. O sea, le quitan a uno las ganas de dar licencias aunque el paciente lo necesite; con más razón entonces, dar licencias ‘como favor’ ya es una cuesta arriba importante. El problema -gran problema- es que uno está en

una licencia médica

una licencia médica

constante juicio por parte de sus amigos y conocidos, por lo que no dar una licencia ‘por favor’ es sinónimo de ser pesado y mala voluntad.

¿Quería yo tener este ‘poder’ entre comillas? Claramente no. Muchas veces el paciente miente para conseguir una, o es capaz de armar corruptelas con colegas de moral laxa para descansar recibiendo sueldo. Más que el dinero que pierden el FONASA y las ISAPRE por este concepto (me da lo mismo porque plata tienen, y mucha) el problema nos lo ganamos nosotros, cuando nos vemos obligados a dar una licencia porque el paciente de verdad no puede trabajar por su enfermedad. Es injusto para alguien que lo necesita no poder hacer reposo tranquilo por culpa de alguien que mintió para su propio beneficio.

‘Caras vemos, corazones no sabemos’ dice el dicho (díganmelo a mí) y yo estoy obligado a creerle a todos los pacientes. Peor ya me he enterado de varios que me han mentido para obtener una licencia, y da aún más lata -y rabia- y el resultado final es que uno se vuelve cada vez más resistente para entregarlas a los pacientes. Si tuviéramos siempre buena fe, y no intentáramos siempre engañar al médico y/o al sistema, quizá las cosas serían distintas. Pero no, somos chilenos, y eso lamentablemente nos hace querer siempre ‘hacernos los vivos’.

Estoy seguro de que la gente en general seguirá pidiendo licencias aunque lea esto; total, lo que importa es el interés personal. Pero están todos -todos- advertidos: la licencia médica es de criterio del profesional. Y mi criterio es cada vez más estricto y rígido. Así es la vida. Si no le gusta, búsquese a otro colega.

La licencia médica

Si hubiera sabido lo que significa la licencia médica para la gente en Chile, y que de mí dependería la responsabilidad de hacer o no hacer una, me habría planteado mi vocación. Cuando un paciente me pide licencia siempre le pongo la misma cara de pocos amigos; peor aún si me la pide un conocido o un compañero de trabajo, o la licencia es para ‘algo’ y no ‘a causa de una enfermedad’ (que es lo que debiera ser, en estricto rigor). Tener el poder de permitir a alguien que falte a sus labores no es agradable, más aún cuando eres permanentemente cuestionado por las autoridades. y se piensa por default que la licencia es ‘trucha’.

Por estos días se está cuestionando a muchos colegas por hacer muchas licencias médicas; mi tasa de licencias es menor a una al día, y aún así el COMPIN me molesta pidiéndome informes con el diagnóstico y los fundamentos clínicos. O sea, le quitan a uno las ganas de dar licencias aunque el paciente lo necesite; con más razón entonces, dar licencias ‘como favor’ ya es una cuesta arriba importante. El problema -gran problema- es que uno está en

una licencia médica

una licencia médica

constante juicio por parte de sus amigos y conocidos, por lo que no dar una licencia ‘por favor’ es sinónimo de ser pesado y mala voluntad.

¿Quería yo tener este ‘poder’ entre comillas? Claramente no. Muchas veces el paciente miente para conseguir una, o es capaz de armar corruptelas con colegas de moral laxa para descansar recibiendo sueldo. Más que el dinero que pierden el FONASA y las ISAPRE por este concepto (me da lo mismo porque plata tienen, y mucha) el problema nos lo ganamos nosotros, cuando nos vemos obligados a dar una licencia porque el paciente de verdad no puede trabajar por su enfermedad. Es injusto para alguien que lo necesita no poder hacer reposo tranquilo por culpa de alguien que mintió para su propio beneficio.

‘Caras vemos, corazones no sabemos’ dice el dicho (díganmelo a mí) y yo estoy obligado a creerle a todos los pacientes. Peor ya me he enterado de varios que me han mentido para obtener una licencia, y da aún más lata -y rabia- y el resultado final es que uno se vuelve cada vez más resistente para entregarlas a los pacientes. Si tuviéramos siempre buena fe, y no intentáramos siempre engañar al médico y/o al sistema, quizá las cosas serían distintas. Pero no, somos chilenos, y eso lamentablemente nos hace querer siempre ‘hacernos los vivos’.

Estoy seguro de que la gente en general seguirá pidiendo licencias aunque lea esto; total, lo que importa es el interés personal. Pero están todos -todos- advertidos: la licencia médica es de criterio del profesional. Y mi criterio es cada vez más estricto y rígido. Así es la vida. Si no le gusta, búsquese a otro colega.