Imponiendo la moral

Todos los excesos son malos… díganselo a un diabético, a un hipertenso o a un anoréxico. El problema es que en este Chile que tanto queremos hay otro tipo de exceso, metido hasta la médula de mucha gente que, lamentablemente, ocupa sitios de poder e influencia. Este exceso -rayano en el fanatismo- es el que basa sus acciones, usando el vacío y retrógrado discurso de que las cosas deben hacerse ‘por moral’ y por ‘mantener las tradiciones’. Si nos metemos en asuntos de moral y cada uno quiere imponer la suya, nos volvemos todos locos, ¿no? Entonces no entiendo por qué debemos obedecer.

El exceso del que hablo es la religión, claro está. Nuestro gobernante actual y sus ministros niegan, escriben y modifican leyes siempre velando ‘por el bien de Chile’ y por ‘mantener la institución de la familia y las tradiciones cristianas de este país’. Hasta donde me enseñó mi querido profesor de historia en el colegio, en este país se decretó la separación de la Iglesia Católica y el estado hace muchísimos años (ver extracto de la Constitución de 1925 y su ratificación en la Constitución de 1980 en este link), por lo que no es jurídicamente comprensible que se intente regir a un país ‘en nombre de Dios’, siguiendo sus preceptos no como culto y religiosidad legítimos, sino que como forma de guiar a todo un país que no necesariamente cree en la fe católica o en Dios.

Moral

Moral

Yo soy católico (tengo dos ahijados preciosos, bautizados por la fe católica), pero no por eso, si fuera diputado, senador o Presidente de la República, impondría mi fe a la voluntad de todo un país. Si a la fe católica (o protestante, o budista, o anglicana o la que sea) le parece mal, por ejemplo, que un hombre y otro hombre unan sus vidas para formar una familia, eso no conlleva por ningún motivo que a -eventualmente- una mayoría de chilenos esto no le parezca mal. Pero como es reñido con la religión de los políticos, no se puede legislar sobre el tema por ser ‘inmoral’ y porque ‘denigra los valores de la familia’ (los valores de una fe, no los valores de un país).

Dicen que las leyes siempre avanzan más lento que el desarrollo de la sociedad que rigen; en el caso de la religión, este atraso es mucho mayor. Por esa sola razón, intentar llevar los destinos de una nación en nombre de una religión es una idea retrógrada y que no logrará obtener ganancia alguna dentro de este mundo globalizado en el que vivimos. Regirnos por los ‘valores morales’ de unos pocos nos hace enfrascarnos en eternas disputas de las que no se obtiene nada; así ha sido en Chile desde que distintos temas de rabiosa actualidad se han puesto en el tapete. Y así seguirá si seguimos permitiendo vivir en un ‘estado católico’ siendo que jurídicamente nuestro país está separado de la Iglesia Católica.

No tengo nada en contra de las religiones. Me molesta que se impongan ideas en la mayoría; eso es algo digno de conservadores de los que ya no se ven -ni debieran verse- en el planeta. Los destinos de cualquier país (incluso de este) deben llevarse por los caminos que el intrínseco desarrollo de la sociedad vaya encontrando; es la única forma de adecuarse mejor a los cambios, y no quedarse atrás. Si queremos ser un país desarrollado, tenemos que serlo para todo; no sólo aumentando el PIB seremos mejores, también hay que pensar sin presiones y con altura de miras.

Insisto, todo exceso es malo. Eso debemos recordar cuando votemos por nuestros gobernantes. ¿Nos gustaría que se nos impongan ideas, fe o creencias que no compartamos? Pues nosotros tampoco lo hagamos.

Declaraciones desafortunadas

A este caballero ya no lo entiendo. Somos habitantes de una época en que las cosas se conversan civilizadamente y los conflictos se resuelven por vías diplomáticas, documentadas y sensatas, y seres como este son los que nos hacen retroceder a la época de las batidas a duelo y las guerras sin cuartel. La gente que tiene el privilegio de gozar de fama y atención frente a sus comentarios debiera de ser ejemplo de probidad, ecuanimidad y juicios de valor acordes con una inteligencia elevada, pero este señor sigue mostrando la hilacha… si casi pareciera que le gusta hablar estupideces.

El señor Edwin Donayre, ex comandante en jefe del Ejército de la República del Perú, está haciendo tan poca gala del alto cargo que ocupó, que los ilustres jefes militares del país hermano deben de estar revolviéndose en sus tumbas. El valiente coronel Bolognesi que defendió el Morro de Arica; el héroe Miguel Grau, amo de los mares y dueño de una nobleza sin límites; el general Buendía, jefe en su tiempo del Ejército de la Alianza… tantos hombres dignos de sus honores no han de mirar con buenos ojos el oprobio internacional al que el señor Donayre somete a sus jinetas.

Edwin DonayreFuera de los desagradables comentarios que lo hicieron tristemente famoso hace un tiempo, cuando ofreció ‘bolsas de basura’ para sacar a los chilenos del Perú, ahora sale con declaraciones quizá menos venenosas, pero que a la larga pueden ser muy desafortunadas para las buenas relaciones que mantiene Chile desde hace tantos años con el vecino país. El señor Donayre opina que Chile tiene ‘una actitud belicista’ para con el Perú, y que ‘deben estar con el ojo avizor’ ante el ataque que pueden recibir en cualquier momento desde nuestro país.

Es claro que a ambos países les vendría muy mal una guerra por estos días, teniendo en cuenta la crisis económica de dantescas proporciones por la que nos disponemos a atravesar; a pesar de todo somos vecinos, y entre vecinos nos necesitamos ahora más que nunca. Es cierto también que existen algunas diferencias de orden territorial que no discutiré en este artículo, porque para ello están utilizándose los conductos regulares, que dictaminarán con la altura de miras que se les exige un veredicto conciso y claro, que solucionará este diferendo para una u otra parte.

Lo que me molesta profundamente es la actitud petéticamente antichilena de este señor, que no hace más que profundizar un abismo absurdo en las relaciones de ambos países, tanto a nivel diplomático como a nivel de las opiniones que tenga un pueblo del otro y viceversa. Lamentablemente el señor Donayre tiene una amplia tribuna en el Perú, y mucha gente se aprovecha de su lengua viperina y malintencionada para perpetuar un sentimiento antichileno que poco asidero tiene en estos tiempos; por otro lado, es obvio que sus palabras generen resquemor en Chile, y seguimos embarcándonos en este espiral de malas vibras que no conduce a nada bueno.

Soy chileno, y creo que mi país tiene pocas intenciones de una guerra con Perú o con cualquier otro país. Las diferencias que hayan por el problema territorial que acusa el Perú se resolverán por las vías regulares, y eso no tiene por qué entorpecer las relaciones que hayan entre dos países hermanos, en todo término. El señor Donayre ve declaraciones de guerra donde no las hay, y se encarga de emponzoñar el ambiente desde su alta tribuna, siendo que debiera predicar los valores de nobleza y caballerosidad que le legaron los grandes militares que el Perú ha tenido por hijos.

Mal por la memoria de estos grandes hombres, y mal por el señor Donayre. Esperemos que aprenda a callarse la boca de una vez, y deje que las cosas lleguen al curso que deben llegar… no logrará que Chile y Perú se enemisten. No en estos tiempos, que casi todos tenemos más claridad de mente y madurez que él.

Y tú, ¿apruebas a este señor?

Mar… ¿demanda o solicitud?

‘Volverán sin ser los que partieron, faltarán algunos que murieron…’

Adiós al 7mo de Línea – Himno del regimiento de línea número 7 ‘Esmeralda’

Mientras nuestra presidenta andaba de viaje por Cuba, visitando a Fidel Castro, éste último tuvo la genial idea de hacer pública una columna de opinión donde contó sus impresiones acerca de la demanda marítima boliviana, refiriéndose a Chile como la ‘rancia oligarquía’ que quitó al país altiplánico su acceso al mar. Fuera de la desafortunada fecha que el ex líder revolucionario eligió para hablar del tema, las palabras emitidas por Fidel encierran un profundo desconocimiento (o intencionada ceguera) acerca de las razones que llevaron a ambos países a tener el conflicto que finalizó con la anexión del territorio de Antofagasta a nuestras fronteras.

Justo por estos días me encuentro leyendo ‘Adiós al 7mo de línea’, la historia novelada de Jorge Inostrosa que relata la Guerra del Pacífico en todas sus campañas, con sus principales protagonistas, y desde un punto de vista -a mi gusto- bastante imparcial teniendo en cuenta que el autor del libro es chileno. Entonces, me cayeron como baldes de agua helada las palabras del señor Castro. Dejar entrever que los chilenos de la época ‘quitaron’ a Bolivia esas tierras casi como un capricho diplomático me parece altamente irrespetuoso contra la memoria de todos los soldados que derramaron su sangre en el desierto ardiente para recuperar el honor perdido por Chile y, viniendo de un revolucionario hombre de armas, me parece incluso un tanto indigno.

Durante el decenio entre 1870 y 1879, Bolivia y Chile llegaron a varios acuerdos para la exportación del -entonces- reciéEl general Manuel Baquedano, comandante en jefe del ejercito chileno.n descubierto salitre. En 1878 Bolivia deshizo unilateralmente el tratado que tenía con Chile (consistente en no cobrar impuestos al salitre exportado) y gravó dicha transacción con 10 centavos por quintal, lo que provocó una tensión diplomática que desembocó en la decisión boliviana de rematar todas las salitreras que se negaran a pagar el impuesto, fechando dicho remate para el 14 de febrero de 1879. Quizá ninguno de los dos países quería la guerra, pero la afrenta boliviana era cada vez más insolente y poco acorde con la dignidad que debe tener un país ante sus hermanos y vecinos y, además los altiplánicos se preparaban ya para una brega… en secreto.

La chispa que hizo estallar el polvorín fue un tratado secreto de alianza que Bolivia había firmado con Perú años antes, que se entendía era de defensa contra cualquier país en general o Chile en particular. El cónsul peruano en Chile negó por espacio de mucho tiempo este tratado, dilatando el comienzo de la guerra, pero llegó un momento en que la mentira no pudo seguir sosteniéndose, y la guerra fue declarada teniendo como primer acto bélico la ocupación chilena de Antofagasta, puerto boliviano habitado y sostenido en su mayoría por chilenos. Esto ocurrió el mismo día en que tenían que rematarse la salitreras.

Las campañas se fueron sucediendo por espacio de un año y medio, hasta que la victoria de los Campos de la Alianza, en las puertas de Tacna, en mayo de 1880, ocasionó la huida definitiva de un derrotado ejército boliviano hacia su país. Entonces Bolivia, la que inició las hostilidades y precipitó la guerra, dejó luchando a su aliado solo contra Chile, y por tres años y medio más. 

Teniendo en cuenta estos antecedentes históricos es que me llama tanto la atención la opinión de Fidel Castro con respecto a la demanda marítima de nuestro país hermano, casi como si fuera deber nuestro entregar un trozo de costa. Ese territorio se ganó con sangre y fuego, y gracias a una guerra que no fue provocada por Chile. Luego de ello se firmó un tratado de límites, que los estableció tal como se encuentran ahora, y los tratados no se conversan ni se rompen… por algo son tratados. Bolivia no se ha valido de buenas tácticas para su exigencia de un espacio marítimo propio, y claramente esta intervención del anciano líder cubano no ayuda mucho a mejorar esa opinión.

No tengo nada contra Bolivia; los conflictos del pasado ya fueron, y siempre se debe mirar hacia adelante. Pero si ellos quieren mantener vivo ese resquemor por una consecuencia que ellos mismos se ganaron, me gustaría que fueran muy rigurosos con la historia que ya quedó escrita. Quizá si así fueran las cosas, la demanda marítima se convertiría en petición, y las cosas podrían conversarse en un tono más ameno y con altura de miras.

A ver si Fidel Castro se documenta antes de opinar, ahora que tiene tiempo.

Y tú, ¿qué opinas?