Oye 2013, espérate

A ver 2013, antes de que te vayas, espera un poquito… quiero decirte un par de cosas.

Fuiste mi segundo año fuera del hogar de mis padres, y me enseñaste un poco más a vivir solo. Aunque no tanto a fin de cuentas, porque también me hiciste padre soltero de mis bebés peludos, que de bebés ya tienen bastante poco. Además de llenarme la casa de pelos, destrozar mi sillón y despertarme todos los días antes de las 7 porque tienen hambre, me dan todo su amor gatuno y su compañía. Mi vida sin ellos ya no sería la misma, y este año lo supe.

Fuiste el año de los viajes, que duda cabe. Hace poco disfruté del Madrid sudamericano que es Buenos Aires, paseé por sus callecitas, bebí un té en La 2013Biela y el Tortoni, y comí un enorme bife chorizo sin atorarme. Bonitos cuatro días. Y en mayo tuve la suerte de vivir los 15 días más felices de mi vida caminando por Madrid, San Sebastián, Málaga y otras ciudades de España. Anduve en tren, disfruté de cervezas y comidas nuevas, conocí gente bonita, viví nuevas experiencias… ‘Invertir en viajes es invertir en tu vida’ me dijo una vez una gran amiga. Este año lo aprendí.

Fuiste el año de términos. A veces dejar personas, relaciones, vivencias, cuesta mucho; es difícil separarse de las largas historias, porque cuando lo vivido es muy intenso y prolongado, los lazos son fuertes como grandes cuerdas de barco. No fui yo el que cortó el nudo gordiano esta vez, pero se hizo, y el tiempo ha dejado claro que fue la mejor decisión. Tengo muchos recuerdos bonitos y sentimientos de gratitud y, por sobre todo, tengo mucho aprendizaje asimilado en mí. En la vida uno aprende cosas que hay que hacer, y cosas que no hay que hacer. Este año lo entendí.

Fuiste el año de la consolidación laboral. Ya son muchos meses adaptándome a mi lugar de trabajo, y en este tiempo también mi trabajo ha tenido que adaptarse a mí; es un proceso largo y no exento de dificultades, pero se ha ido logrando de a poco. Ya no me iría de mi CESFAM por mi voluntad, aunque de repente me aburra o me hastíe. No sé si en otro lado podrían soportarme, la verdad… Los pacientes también se han adaptado a mí -y yo a ellos- y he palpado el dulce y agraz de felicitaciones y reclamos.  No puedo caerle bien a todo el mundo. Este año lo ratifiqué.

Sólo un minuto más, 2013.

Me dejas con un rico sabor de boca, 2013. Te vas dejándome puertas abiertas y vivencias que prometen seguir creciendo día a día en procesos, como viene siendo hasta ahora. No me queda más que darte las gracias por lo que estoy viviendo ahora, por lo que viví durante tu estadía, lo que me diste, y lo que me quitaste. Siento que todo esto se ha conjugado para que ahora te vayas de la mejor manera, dejándome con la dulce labor de ser y hacer feliz todos los días.

Gracias, 2013. Que te vaya bien.

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