Maldad, ¿derecho o mérito?

Dicen que las situaciones extremas nos hacen pensar más. No sé si el frío que tengo ahora es una ‘situación extrema’, pero mientras me lavaba los dientes, tiritando, discurría más rápido que de costumbre con algunas cosas que han pasado estos días. Cosas que no puedo contar en este blog -por secreto, por decencia y porque me asquea- pero que han significado pequeños devaneos de esta mente de vacaciones, sin sueño y con frío.

¿Somos malos, o nos hacemos malos? Me imagino que muchos más inteligentes que yo ya se lo preguntaron, y no sé qué inteligentes respuestas habrán pensado; si sé que hoy me asalta la duda, viendo de lo que es capaz la gente y recordando mis propios actos. Con esas dos cosas sobre la mesa, tengo argumentos para ambas ideas.

Por un lado, y acordándome de las veces que no he sido un ejemplo de hombre, yo creo que la maldad es fruto de los errores humanos, y como no siempre nos estamos equivocando, no podemos ser ‘malos por defecto’. Claro, a veces podemos planificar la maldad con calma y saña (yo lo he hecho, y no una vez) pero casi siempre estas vendettas son a raíz de errores. En otras palabras, uno es malo por mérito; o sea, nos hacemos malos con un objetivo, y dejamos de serlo cuando lo conseguimos, o cuando aprendemos del error que motivó la maldad.

Por el otro lado, he conocido a algunas personas que no se aburren de ser malas, que siguen cometiendo los mismos errores, que repiten sus conductas una y otra vez, no importando ni los damnificados que dejan en el camino ni la voz de sus conciencias (si es que tienen). Quizá no se dan cuenta de lo que hacen, pero si se supone que entienden con palabras, no me explico como continúan haciendo lo mismo. En otras palabras, son malos por derecho; o sea, su maldad no tiene un objetivo claro, y van sembrando errores -quizá sin darse cuenta- perpetuando la conducta y sin aprender de ella.

No sé cual es la verdad. Quizá algún entendido podría romper mi humilde teoría con dos o tres palabras, pero eso da igual. El punto común es la maldad, pero es su génesis la que me intriga… probablemente existen ambos, y sólo hay que ordenarlos para saber de quién cuidarse más. En lo personal, temería más a los ‘que son’, no a los ‘que se hacen’.

Yo creo que soy del primer grupo, porque hay cosas que he hecho que sé que han estado mal, y no las volvería a hacer. O quizá soy un maldito y no me he dado cuenta, quien sabe.

Errar es de humanos. Aprender de los errores es lo mínimo que se puede hacer. Volver a errar es de idiotas… o de malos de adentro.

El frío y Pink Floyd conspiran, definitivamente. Y si la canción que suena es Shine on your crazy diamonds, peor. Hora de dormir, hace frío.

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3 pensamientos en “Maldad, ¿derecho o mérito?

  1. Y hay unos cuantos a cuales les falta tener maldad. Tal vez sea mi caso.

    En fin. Prefiero pecar de buena, después de tanto porrazo, uno se da cuenta cual debió haber sido la mejor opción. Quizás eso mismo te acerqué a las profundidades del mal. Puramente consecuencia de los errores humanos.

  2. Mérito: “acción que hace al hombre digno de premio o de castigo”.
    Me vi forzado a buscar la definición porque a esta palabrita siempre le he atribuido una connotación positiva, por lo tanto, el hablar de una “maldad por mérito” me parecía sencillamente aberrante.
    Albert, más allá de aclaraciones etimológicas, te doy mi opinión: la maldad NUNCA debería ser un móvil para emprender una causa, por válida y adecuada que parezca. ¿Sabes por qué? Porque al justificar su uso, cada día la validarás más. Y así ha pasado a través de la Historia. Te pongo un ejemplo: las relaciones de pareja. Más específicamente, el venerado y sutil “juego de seducción”. Ojalá consistiera sólo en un festival de sensaciones. Lo cierto es que encierra mecanismos bastante más complejos y muchas veces, despiadados. Así nos encontramos con millones de personas buscando el amor, pero incapaces de vivirlo francamente. Se verán forzados a ser maestros del “tira y afloja” si quieren conseguir algo. A esconder sus emociones para despertar el sufrimiento de quién los ama, y valiéndose de su desesperación, mantenerlo cerca. Si te fijas, esa simple situación, tan VALIDADA y COTIDIANA, encierra una maldad innegable: el jugar con tus emociones y las de quién amas, porque ASÍ DEBE SER. ¿Quién fue el autor de este estupendo método? No tengo la más puta idea. Probablemente algún cavernícola que transó un pedazo de mastodonte con su hembra, a cambio de sexo. Quién sabe…
    La cuestión es que, a mi parecer, la maldad es una condición configurada socialmente, más allá de genes y experiencias personales. De allí nuestra responsabilidad de evitar ejercerla conscientemente, por el bien de nosotros y de nuestra raza xD.

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