Maldad y conciencia

‘Qué fácil era haber dicho lo siento…’

Volverte a ver – Aleks Syntek

Del común de la gente, me imagino que pocos elegirán ser malos. El bombardeo publicitario con villanas mexicanas de parche en el ojo que eran capaces de empujar a la abuela que lo sabía todo a la piscina, para luego tirar ahí la enceradora encendida y matar a la pobre anciana electrocutada es ya de otros tiempos; hoy las malas y las maldades son más sofisticadas, y me gusta creer que esa maleficencia es sólo un artificio de los guionistas, no una realidad general plasmable en una telenovela. Aún siento que somos buenos de fábrica, y en el camino vamos equivocándonos… o perdiendo los escrúpulos.

He estado recordando por estos días las veces que he sido de verdad malo, y la mayoría de las veces ha sido sin querer… a lo más sin querer queriendo, como dice el Chavo del Ocho. No me pondré a contar aquí mis maldades porque no vale la pena, pero los que las sepan pueden darme la razón: puedo pecar de ingenuo, incluso de tonto… pero de malo pocos pueden culparme. Mis maldades con ganas ya pasaron hace mucho, y no hay muchas ganas a estas alturas de planificar venganzas o cosas así. El tiempo siempre apremia, y no está para perderse en pamplinas.

A veces las circunstancias de la vida lo llevan a uno a ser malo, y la mayoría de esas ocasiones uno se da cuenta de ‘la maldadla bengala amarilla‘ una vez que ya la hizo o cuando ya no puede evitarse. La hermosa pero pueril ingenuidad con la que los seres humanos nos movemos por el mundo nos hace dañar a gente sin querer, o pecar por omisión en actos que estuvo en nuestras manos detener. Y como buenos seres pensantes que somos, luego de pasado todo lo que tenía que pasar nos sentamos, miramos hacia atrás hasta dar con el principio del asunto, lo recorremos… y la conciencia dispara el primer tiro de Bengala al cielo.

Es imposible no sentirse mal al caminar alrededor de los hechos consumados y ver los errores cometidos, y aunque tengamos cierta conciencia de que no hay culpa nuestra en el asunto, nos culpamos por ‘lo malos que fuimos’. El tiro de Bengala amarillo de la alerta disparado por nuestra conciencia se apaga, y sale volando el tiro rojo de la culpabilidad que señala el punto exacto donde nos encontramos, para ser sometidos de inmediato a juicio. Bueno, esto le pasa a la gente que suele arrepentirse de sus actos malos… de villanos no sé mucho.

Hasta para arrepentirnos somos pardillos, como dirían los españoles. Mirando el tema con lógica, no habría necesidad de sentirse mal por aquellas cosas que ocurrieron sin mediar nuestra voluntad, aunque estuviéramos nosotros involucrados; mal que mal la conciencia está tranquila, y con eso basta para alegar y lucir la inocencia. Pero la mayoría de nosotros se siente mal por las cosas hechas, porque hechas están y nuestra humanidad tuvo algo que ver, así que lo que nos nace es incurrir en uno de los actos humanos por excelencia: pedir disculpas.

Como me dijo una sabia persona que conocí hace poco, ‘las disculpas no sirven para nada’. Quizá al injuriado no, pero al que se equivocó le vienen muy bien; la conciencia puede pesar tanto que inmoviliza, y las disculpas son un buen antídoto. La luz de la Bengala roja se consume, y somos de nuevo un ser más dentro de esta sociedad que se equivoca siempre, pero muchas veces sin mala intención. Las circunstancias obligan de cuando en cuando y, corresponda o no, uno se siente mal… a menos que sea uno que ande con el parche guardado en el bolsillo.

Y tú, ¿cómo has sido malo?

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6 pensamientos en “Maldad y conciencia

  1. Por fin dijiste mexicana y no venezolana. Te juro que no lo habría perdonado. Nadie le cambia la nacionalidad a Catalina Creel De Larios, una de mis villanas favoritas (qué actrizota María Rubio, ¿no?). Y por cierto, en la piscina, y con la cortadora de pasto, mató al Inspector Suárez, no a la abuela, jejeje.

    Amigo, tengo tanto en la mente que podría comentar ahora, pero debo dormir, por lo cual prometo volver pronto a dejar un comentario más extenso.

    Por lo pronto, guardaré mis parches que combinan con mi ropa y digo buenas noches y hasta luego.

  2. La verdad… no creo que seamos malos ingenuamente… Siempre tenemos conocimiento de lo que hacemos, la conciencia de si es malo o bueno siempre esta… Quizá la arreglamos diciendo “no creo que sea algo tan malo”. “le puede servir para que aprenda”, “se lo merece”, “sé que no es bueno lo que haré, pero es lo mejor”… xD… y bueno blablabla… Y cuando consumamos el hecho, ahí recién nos llega la culpabilidad, el arrepentimiento, y nos preguntamos tontamente “¿habré sido malo?”… Puaj!, siempre lo supiste…

    Tal vez el “fue sin querer queriendo”, es una forma de bajarle el perfil al acto llevado a cabo. Y bueno, muchas veces esos actos, son influenciados por nuestra ira, rabia, pena o lo que sea, y quizá ahí este la clave del “fue sin querer queriendo”, lo cual creo que es totalmente lógico, intrínseco del ser humano…

    Sí… he sido mala… claro que sí. Y debo decir que muchas veces mis argumentaciones han sido “sé que no es bueno lo que estoy haciendo, pero es lo mejor”… aún así no me arrepiento…

    Besos, Gordo Feo…

  3. A veces las disculpas no sirven para nada, pues llegan demasiado tarde o la desubicación de esa persona X fue tan grande, que con un simple lo siento no vale, pero también ocurre que cuando te están pidiendo disculpas, hay algo en nuestro ser que hace click y se termina disculpando.

    No somos malos a propósito, las situaciones se van dando solas; no sé si mala es la palabra que me defina, sino más bien creo que es directa e irónica, pero claramente la situación lo ha merecido, de otra forma no haría un barullo innecesario.

    Claro que mi filosofía de vida es: todo se devuelve, la vida se encargará de mi sufrimiento y así ésta me lo ha demostrado, entonces después yo siento una satisfacción, porque en el fondo, poca maldad salió de mi.

    Y arrepentirme no es mi estilo, y las veces que si lo he dicho es por factores externos a mi que mi influenciaron negativamente.. jaujaujaua.. tú entiendes…

    Te quierooooooooooooooo!!!!!

  4. Tal vez la pregunta seria, ¿existe la maldad como tal? ¿que hace que nuestros actos sean buenos y los del otro malos? ¿quienes somos para juzgar el bien y el mal?.
    Pues tal vez la maldad y la bondad cambian con el tiempo, nuestra moralidad depende en si de nuestra propia defenición de hombre y como cambia constantemente nuestra moralidad tambien es objeto de ese cambio.
    Pues mis verdades pueden ser blasfemias para otros, y aun me falta mucho para aprender. Pero eso si, la bondad y la maldad cobran sentido cuando los que nos rodean le dan un sentido similar a nosotros….

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