Cada vez que regreso a este blog y miro las últimas entradas que he escrito, retrocedo a tiempos y sensaciones antiguas. Claro, dejo pasar meses entre artículo y artículo; es normal. Quizá sea hasta la idea esto de llegar acá en ciertas épocas, para ir marcando la presencia de las ‘cosas que marcan’, valga la redundancia. Aunque esas cosas son cada vez menos…
Yo creo que es porque estoy más viejo y me dejo impresionar menos por la vida misma, esta vida que cada día se me pasa un poquito más rápido. Pero sigue siendo la vida misma, ¿cierto? Y aunque tenga más guata, menos pelo, más arrugas y menos paciencia, sigue siendo la única que tengo (al menos con este cuerpo; quizá después me re-encarne en jabalí o en alguna alimaña venenosa de quizás donde).
Se me vienen encima muchos cambios, y estoy ya metido en otros tantos. Cuando era chico pensaba que tener 25 años era cool, era una edad que sonaba bacán de tener. La verdad es que este año del cuarto de siglo será definitivamente para recordar. Tengo que
sacar el máximo provecho posible de cada día, para que tanto estrés signifique algo. Mi carrera se termina, se viene el EUNACOM, y después tengo que buscar pega. Ese ‘futuro’ tan lejano de antes ya llegó, así que tengo que irlo construyendo con los materiales que junté estos siete años, no solo en lo académico. He crecido, y habrá que hacer gala de ello.
Queda un mes para ser médico. Un mes… me da entre miedo y gusto tener la cada vez más grande certeza de convertirme en el sueño que tuve desde niño. Espero hacer las cosas bien, y que esta profesión me deje llenar mi alma de lo que me hizo llegar a ella: la risa de un niño, el agradecimiento de una madre; en fin, obtener un niño sano. Lo mejor que puede pasarle a la sociedad.
Por otro lado, mi vida personal también está… digamos que ‘revolucionada’. Han sido casi 6 meses de pruebas que superar, de detalles que mejorar, de torpezas que disculpar y de palabras qué decir. Pero no puedo ser tan injusto; han sido 6 meses muy bonitos, donde me he encontrado a mí mismo reflejado en los ojos de quien se ha dado el trabajo de acompañarme, soportarme, entenderme y ‘dejarme ser’ en la medida de lo posible. Tengo muchas más cosas positivas que negativas qué decir. El ‘tenemos que poder’ se convirtió en un emblema que a veces ha pesado, pero que la mayoría de las ocasiones ha sido un placer de cumplir.
Este año 25 he aprendido a ser un poco más yo, y un poco menos lo que se quiere que sea yo. Ha sido el año en que muchos de los ciclos sin cerrar que tenía en mi vida por fin se cerraron. Yo mismo he tenido mucho que ver con eso; le debo también las gracias a algunos que ya no están, y a quienes están conmigo ahora viviendo estos procesos.
Son varias cosas, en varios aspectos. Creo que estoy mejor preparado de lo que yo mismo creo para los desafíos que se me vienen y los que ya intento vencer. Esta vez sí me tengo un poco de fe. Que los 25 años me acompañen.
Nos vemos en unos meses, blog.