las vidas de naissant…

Julio 27, 2009

Sallie y la tolerancia

Archivado en: General, Personal — Etiquetas:, , , , — naissant @ 8:28 pm

Sallie podrá ser tonta como ella sola; de hecho podrá ser la campeona olímpica de la tontez, pero nadie puede tener la cara de decirle que es antigua o retrógrada. Como buena veinteañera del siglo XXI, ha visto mucho mundo y sabe que todos los seremos humanos tienen derecho a vivir y disfrutar del planeta, no importando su color de piel o tendencias sexuales, o cualquier otra diferencia. ‘Todos hemos venido al mundo por algo, y ese algo hay que hacerlo’ decía siempre Sallie cuando salía el tema con sus amigas o compañeras de carrera… pero ni ella sabía que su tolerancia nunca se había puesto a prueba.

amigasBueno, hay que decir que tenía un par de amigos abiertamente homosexuales y escandalosamente amanerados, pero ella ya no los sentía como hombres; de hecho ni le molestaba sacarse la ropa delante de ellos, porque sabía que dentro de esos cuerpos no quedaba un suspiro de deseo masculino. Hasta ahora no había usado la tolerancia con ellos porque no era necesaria, pero sí blandía el sable cuando alguien se reía de uno de sus amigos en la calle, o tenían algún problema en cualquier parte; Sallie desenvainaba su tolerancia y brillaba al sol, y con gesto amenazante enseñaba a los ignorantes a respetar las formas y la vida humana con todos sus bemoles.

De todo esto se acordaba Sallie mientras conversaba con Celia, una de sus queridas amigas de la infancia. Las vivencias que comparten son tantas que dan para una película y dos secuelas no tan malas, pero como siempre son secretos que ambas se llevarán a la tumba; no es su mejor amiga, pero Sallie suele crear esos vínculos poderosos con su gente más cercana. Estudian cosas distintas, pero intentan verse cada vez que pueden… aunque aquel día Celia estaba rara. A Sallie le costó darse cuenta de que su amiga tenía la mirada triste, y no pudo evitar preguntarle qué le pasaba.

Celia nunca ha tenido tacto para decir las cosas, Sallie sabía muy bien eso, así que estaba preparada para la respuesta de su amiga. Caminaban por una calle muy concurrida a esa hora (muchas tiendas de ropa, con la consiguiente aglomeración de mujeres depresivas con tarjetas de crédito en la mano) y al escuchar la pregunta Celia se detuvo de golpe, como si hubiese chocado contra una pared transparente. Se giró y la miró con sus ojos duros y seguros, y habló. ’Soy lesbiana’.

Lo primero que hizo fue reírse de sí misma al pensar que estaba preparada para escuchar lo que Celia tenía que decirle. Lo segundo que hizo fue buscar dentro de su mente aquella cajita que decía ‘tolerancia’ y la abrió con dificultad; claro, estaba llena de óxido… nunca la había usado. Lo tercero que hizo fue recordar en cinco segundos todos los momentos que había pasado con Celia; todos los momentos tan íntimos, tan de mujeres, tan de amigas… y sintió que un hilo de agua helada le recorría el centro de la espalda. Tiritó.

Y Celia le preguntó: ‘¿Qué te pasa?’. Era evidente que la cara de Sallie no era la mejor que ha tenido, y los segundos pasaban. La mirada de su amiga ya no era dura, sino que temerosa y un poco húmeda, como esperando con recelo y miedo las primeras palabras luego del chaparrón frío de la verdad. Lo cuarto que hizo Sallie fue seguir recordando los momentos vividos, pero esta vez ocupó más de cinco segundos en repasar el gran cariño que le tenía, las cientos de conversaciones, las lágrimas que derramaron juntas… toda una vida. Y lo sexto que hizo fue darle un abrazo y decirle: ‘amiga… ¿por qué no me lo contaste antes?’

Sallie no necesitará más el sable de la tolerancia. Pasó la prueba.

Julio 23, 2009

Las coincidencias de Sallie

Archivado en: General, Personal — Etiquetas:, , , , , — naissant @ 12:00 am

A veces Sallie se asusta de sí misma y de lo que es capaz de hacer. Será que se sentía ociosa, o que andaba distraída, o que el destino maquinó ciertas cosas en ciertas horas en ciertos lugares, no lo sabe; la cosa es que ahora, recostada en su cama mirando el techo, se asombra de lo inocentemente tonta que es. Pensándolo bien no tiene muchos hechos concretos de los que asustarse o admirarse; sólo le llama la atención la tarde que vivió, las coincidencias que se dieron… y lo que podría pasar si las coincidencias se siguen dando como hasta ahora.

Sallie tuvo hoy una tarde de chicas: salió con una amiga a tomarse un café a un bonito lugar, con buena música y decorado agradable… excelente para dos veinteañeras deseosas de conversar la vida y arreglar el mundo. Pidió un café con licor (le gustan mucho) y se lanzó a hablar de mil cosas con esta amiga que no veía hace tiempo; había tema para conversar un par de horas, así que no perdió tiempo. Estaba de lo mejor cuando miró a la escalera de acceso al segundo piso, y quedó helada. Helada… tanto, amigas en el cafeque su amiga le preguntó qué pasaba.

Resulta que Sallie esperó que su amiga llegara más menos veinte minutos, sentada en un banco frente a la plaza con la música fuerte y la vista puesta en la muchedumbre que paseaba muerta de frío por la ciudad. Miraba la nada mientras cantaba en sordina para que no la escucharan, cuando de pronto sus ojos se clavaron en un chico que caminaba por la calle, como buscando a lo lejos a alguien. Le llamó la atención que anduviera en mangas de polera, y que una de ellas fuera blanca y la otra negra. Lo vio desaparecer entre la gente, y lo olvidó… hasta ahora, que lo veía subir la escalera de acceso con una señora visiblemente mayor que él.

La amiga de Sallie se rió de su cara de susto, y la conversación siguió como antes de la interrupción, variando de un tema a otro, mientras las tazas de café se iban vaciando y Sallie sentía que el licor la abrigaba un poco. De pronto, la amiga de Sallie paró la oreja y se quedó callada… la miró a los ojos y le dijo, muy seria: ‘parece que lo conozco’. Sallie estaba de frente al chico y su amiga de espaldas, por lo que esperaron a irse (seguía sentado en la mesa con esa mujer) para que lo viera. Bajaban la escalera d acceso, y la cara de su amiga le bastó a Sallie para entender que sí lo conocía.

No obtuvo muchos detalles de su amiga, pero para Sallie era suficiente coincidencia como para tratar de contactar con él. Lo miró mucho durante la velada, y él correspondió un par de miradas mientras seguía hablando de mil cosas; estaba con la bala pasada, y le pidió a su amiga una manera de hablar con él. Ella le dio su correo electrónico una hora después, mientras chateaban, y lo agregó a MSN sin mucha esperanza.

No se conectó nunca, y Sallie se fue a dormir dándole vueltas al asunto. Se asombra de tanta coincidencia junta; se asombra de lo descarada que fue al pedir el correo de aquel chico desconocido; se asombra de haber esperado que apareciera en su lista de contactos; se asombra de esa tarde que ya es historia, pero que le trajo el gusto de ver a su amiga y una que otra sorpresa que quien sabe como terminará…

‘Hay que tener mucha cara, Sallie…’ se dijo a sí misma antes de meterse en la cama y tiritar de frío… y emoción mal contenida.

Julio 19, 2009

Los indeseables de siempre

Archivado en: General, Personal — Etiquetas:, , , , , — naissant @ 5:00 pm

Sallie camina por la vida sabiéndose tonta, y en su tontez sabe que tener conciencia de ello le otorga ciertas ventajas. Claro, con el tiempo se van haciendo más efectivas (si lo fueran desde un principio, pues no sería tonta) así que se va deshaciendo de los lastres una vez que los ha arrastrado mucho tiempo. Sigo pensando que Sallie es una tonta con clase, una ‘tonta digna’ que a pesar de sus limitaciones va creciendo y aprendiendo las cosas de la vida… con retraso, pero aprende. Hace pocos días se dio cuenta de ello mientras caminaba por la calle bajo la lluvia vespertina; como que las gotas la despertaron a la evidencia.

Sallie ha tenido desafortunadas relaciones sentimentales varias veces; de hecho ya perdió la cuenta de la cantidad de pasteles que conoce, y cuando le da por acordarse de ellos prefiere ignorarlos. Como botones de ejemplo, por ahí hubo uno que la engañó con su mejor amigo, otro que durante un año la hizo sufrir no dejándola ir mientras estaba feliz con otra, otro que mientras estaba en la cama con ella se acordaba de otra, otro que sólo quería acostarse con ella mientras tenía una larga relación con otra, otro que le prometió el oro y el moro la noche en que la conoció para luego confesarle que estaba con otra, otro que durante dos meses la tuvo en un tira y afloja que al final terminó en que no le habló más…

20080729191603-caminando-lluviaNo le faltan. Y un hecho que ha sido bastante común entre estos seres que han pasado por su vida es que han querido ser ‘amigos’ de ella una vez que han metido sus patitas hasta las rodillas en el barro. Sallie se ha lucido en su tontez aceptándolo, e incluso sigue siendo amiga de varios de ellos y no dejaría de serlo por nada del mundo, pero ahora que han pasado los años y la mente se le ha aclarado un poco, se ha dado cuenta de que ninguno de esos humanoides merece que ella los llame amigos. Para Sallie la amistad es una cosa sagrada, y con todos ellos el concepto está totalmente reñido con la realidad y sus sentimientos.

¿Desde cuando que un amigo hace esas cosas a otro? Cae de cajón, y Sallie por ser buena (o sea, tonta) prefirió olvidar el pasado y comenzar de nuevo una relación de sincera amistad con algunos de estos. Pero al pensar en lo que acabo de decir, ’sincera amistad’, todo lo que pudo haber erigido con ayuda de esas manos está malsano, contaminado, impuro. La sinceridad es una cosa muy fácilmente violable, y todos ellos la ultrajaron hasta matarla… entonces, ¿cómo es posible que Sallie mantenga una relación de sincera amistad con seres que desde un principio no fueron ni sinceros ni amistosos con ella? ¿Quién le asegura que ahora lo serán?

‘Todo aquello convertiría a estos hombres en indeseables’, pensaba Sallie mientras el agua corría por su cara, pero la teoría tambalea cuando recuerda que dos o tres de ellos son ahora grandes amigos suyos… pero excepciones hay en todas las cosas. Aún así no duda de que tiene razón, y acepta de buen grado que no volverá a permitir que alguien le proponga que sean amigos luego de que le haya hecho algo malo así, de entrada. Los amigos no hacen esas cosas, no humillan ni se portan mal, siempre están y nunca se van… si falla es porque no es un amigo, y esa falla lo inhabilita para siquiera intentar considerarlo como tal.

Sallie se ha aburrido de intentar ver cosas buenas en gente que no vale la pena, y esa parte de su tontez se ha diluido con el tiempo y los porrazos. No es que sea una rencorosa o una mujer incapaz de perdonar: todos estos seres están perdonados de sus errores y andan tranquilos por la vida, pero a la hora de ser amigos son simplemente los indeseables de siempre. Para eso Sallie tiene amigos de verdad, amigos que no la dejan, que le ayudan y le aconsejan; amigos que la quieren. No necesita de personas que intentan meterse en la piel de oveja, pero no entran. 

‘¿Podemos ser amigos? Por favor, no me hagas reír’… y se rió en silencio mientras el agua seguía cayendo.

Julio 8, 2009

Sallie, la tonta

Archivado en: General, Personal — Etiquetas:, , , , — naissant @ 2:24 pm

Cuando llamaron a las tontas, Sallie iba la primerita. Tonta, pero tonta… de esas incorregibles. Pero era una ‘tontez’ (aló, ¿RAE? les tengo una palabra nueva) distinta, subrepticia, incluso podríamos decir que un poco digna. En la unversidad le va relativamente bien, sus amigos no la han encontrado nunca tonta (incluso recurren a ella para pedir consejo), pero cuando se trata de sí misma, toma las neuronas, las saca y mete un poco de aserrín mojado bien pastoso en la cabeza, para que entre harto y ocupe espacio. Me imagino que la tontez de Sallie es tanta, que ni cuenta se da de lo que hace.

La última joyita de su colección de conductas estúpidas la hizo el fin de semana pasado; menos mal que se dio cuenta a tiempo y dio la estocada que la hizo ver en el escenario en que jugaba. Lo que pasa es que Sallie se encuentra a veces con gente que es capaz de ver lo tonta que es (eso no quiere decir que sea gente inteligente) y suele tener la mala suerte de fijarse en ellos, buscarlos, sentirse atraída por esos seres con ojos que ven más allá de lo evidente (y eso no quiere decir que sean clarividentes). TONTABailaba Sallie animadamente, cuando sintió que una mano rozaba la suya… y un estremecimiento extraño la recorrió cuando se encontró con esa mirada extraña, pero agradable y cálida.

La noche siguió, no se encontraron sólo las manos, y terminó abrazada a ese hombre de cuerpo menudo que la apretaba fuerte para bailar, la miraba con una intensidad que luego Sallie interpretó como aguardentosa, y al fin los cuerpos se fueron cansando ante el fragor de la noche. Se vio sentada en un sofá pequeño, con una cabeza durmiendo rendida en su regazo y las primeras luces de la mañana asomando por la ventana; sentía cosas, pero no estaba en condiciones de decirlas y casi ni siquiera de pensarlas. Había que dormir antes de eso.

Llegó el despertar a hora poco prudente, y con la mente más despejada ambos comenzaron a quererse. Sallie se fue de allí con algo más que una sonrisa de suficiencia, y llegó a su casa para dormir decentemente con su cuerpo cansado y su mente sumida en luces de colores agradables, sutiles, abrigadas… y se durmió pensando en que no quería que se fueran. Despertó en unas horas, y los primeros alientos fríos llegaron a la escena que Sallie se estaba montando en el cielo despejado de sus ilusiones. Al principio buscó razones para explicarlo (su tontez siempre busca razones) y las horas de los días pasaron suaves, llenas de trabajo, pero aún con esos colores…

Hasta que una tarde llegó la respuesta que -casi- esperaba. La razón de tanto frío en el ambiente tenía una explicación: él no la iba a querer… ya quería a otra. Sallie se sonroja sólo de recodar lo poco que vivió y lo mucho que ha de haberse reído de su cara, de sus gestos, de sus palabras… otra vez vuelve a recordar que es una tonta con ganas, pero ya se le olvidará para volver a caer tontamente en brazos de uno que puede ver más allá de su facha de mujer bonita e inteligente. A veces a Sallie le gustaría cambiar, ser mejor, más eficiente y con más capacidad de mostrarse digna ante la vida y los hombres. 

Pero sabe que es tonta, y la tontez hasta ahora no tiene cura… total, de algo hay que reírse, y si no hay algo… siempre habrá alguien que supla la falta.

¿Enojarse? No… para qué, si ser tonta no es pecado.

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