Hora de improvisar

‘La noche está tan clara… no puedo perder nada’

La esperanza debida – La oreja de Van Gogh

Desde hace mucho que soy un convencido de que las cosas que no se planifican salen casi siempre bien. En cierta medida somos animales de costumbre, pero también tenemos un poco de ese salvaje instinto de la improvisación que nos lleva a tratar de suplir faltas y parchar baches de manera rápida y efectiva; esto sirve para una disertación, para un carrete, para escribir un discurso o para lo que venga. Hay gente a la que le acomoda más, claro; a mí no me gusta mucho, pero si hay que hacerlo…

Anoche yo estaba cansado porque durante el día anduve muchos kilómetros en bicicleta con un gran amigo; la playa nos llabama así que tampoco faltó sol y baño en el mar. Contabilizamos al ojo unos 18 kilómetros en total; para dos hombres medianamente flojos no deja de ser un buen comienzo. Resultado: cansancio. Serían las once cuando, sentado yo acá con la ropa más fea que encontré, recibo invitación para salir. No dudé Luces, laser, humo…mucho, y cuarenta y cinco minutos más tarde estaba en el centro, presto para ir a algún antro de baile, alcohol y mucho humo.

Hasta esa hora la improvisación no era del todo mala; el gin tónica estaba tan rico como siempre y la conversación pre-baile se iba poniendo interesante. Hubo eso sí un momento ‘simpático’ en que alguien opinó que parezco de veintiocho años; verme más viejo de lo que soy ha sido siempre tema para mí, y tengo pocos argumentos físicos a mi favor: cada vez estoy más gordo y cada vez me queda menos pelo en la cabeza y cada vez tengo más barba. Supongo que tendré que adecuarme… pero son detalles. Improvisé una respuesta y la noche siguió avanzando, rauda entre los cigarrillos que se consumían y los vasos que se vaciaban.

Llegó el baile y la tropa de luces terminó por volverse loca, girando y cambiando de color para tratar de engañar a nuestra vista ya un poco nublada por las astronómicas cantidades de humo que expelían esas máquinas, sin olvidar el humo que salía de nuestros pulmones imberbes gracias al tabaco que pocos podían parar de consumir. La música hizo lo suyo con el sentido del oído, el apretuje de gente anuló el tacto y el olfato nunca me ha funcionado bien; no demoré mucho, entonces, en caer en una especia de sopor danzante que se aplacaba en alguna rápida escapada al baño o con un cambio de pareja de baile.

Las horas pasaron y cada vez me sentía más a gusto, a pesar del cansancio aplastante del baile y la bicicleta de la tarde; rato a rato agradecía más la intempestiva invitación y la rápida improvisación de buscar dinero, vestirme y pedir permiso. Todo aquello le puso un sabor especial a la salida y a esa hora -serían ya las cuatro de la mañana- aún seguía paladeándolo; incluso creo que lo sentía un poco más intensamente… pero no sé por qué. Pasó el segundo de reflexión profunda acerca de mi carrete y seguí bailando; pusieron una cancíón que me gusta así que recuperé ánimos como si me hubiera jalado algo y seguí moviéndome a los remixados compases de ese tema.

Llegaron las cinco y diez y sonó el típico lento que pone fin a la fiesta; las parejas se unen abrazadas en un momento mágico y se miran y se besan mientras dan vueltas sin parar. Yo me quedé de brazos cruzados, sintiéndome un poco menso porque tuve la pulsión de invitarle a bailar conmigo… pero no lo hice, por supuesto. Aún no terminaba la canción cuando ya estábamos saliendo todos, y en veinte minutos estaba yo caminando a casa con los oídos zumbando, los ojos rojos, la nariz roja de oler tantos humos distintos y la mente un poco embotada…

Me gustó mi noche improvisada y sin aviso, porque estuvo mucho más llena de sensaciónes y eventos y palabras y miradas que otras que he tenido que planificadar con tiempo y paciencia. Me gustó haber salido a la noche clara, y poco tenía que perder… pero quizá podría haber ganado algo. Nunca lo sabré, y ya estaba nublado al volver.

Y tú, ¿has tenido una noche improvisada?

4 pensamientos en “Hora de improvisar

  1. Antes era de los que gustaba de planificar, de proyectar… Tener todos los puntos claros, y que no pudiera surgir alguna cosa que no haya previsto ya…
    De a poco me he dado cuenta de que las cosas no funcionan así…
    Querámoslo o no, para vivir tranquilo y disfrutar, hay que improvisar…
    Si no lo hecemos, todo se vuelve monótono… Y sin el sabor de la incertidumbre…

  2. Al contrario de la gran mayoría…. yo no soy de planear las cosas…. y al final resultan mucho mas interesantes que aquellas ocasiones largamente esperadas.
    Una cosa que me pasa siempre, es que nunca quiero salir, me invitan a cualquier lado, pero no soy capaz de decir que no, y confieso que me lamento haber aceptado, nunca quiero ir a ningún lado, y al final lo paso increíble, unas noches improvisadas inolvidables…..
    Por ejemplo ahora mismo, vengo llegando de casa de grandes amigos, como siempre NO QUERÍA IR, pero ahora agradezco haberme dado la oportunidad de estar con mi gente.

  3. Relativo, a veces es mejor una cosa que la otra. Pero no creo que sea tanto como para decir que siempre es mejor improvisar. A veces sale bien, pero las proyecciones sirven. ¿por algo estamos donde estamos o no? O fue una improvisación elegir lo que hacemos?

    PS:- Camarada, tienes mal configurado tu perfil parece, el comentario que dejaste en mi blog no tenía el link a tu blog.

    Saludos!

  4. Pingback: Una noche loca: BlogEllos

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