Me pregunto qué es lo que pasa cuando todo el mundo se ve negro. Me pregunto cómo uno puede continuar con la existencia diaria cuando no quedan energías ni para salir de la cama. Me pregunto a qué límite puede llegar la tristeza cuando aplasta la mente hasta el punto de no dejarla avanzar ni un ápice más en este mundo lleno de sorpresas. Me pregunto si es posible escapar de esa gran nube negra con dientes afilados que siempre está ávida de devorar sentimientos, emociones, vivencias, hasta no dejar nada más que vacío y un hálito gélido…
Me pregunto si yo, en mi simplicidad, podré ser útil para una persona que vive todo esto con el pesar diario de querer sonreír y no poder. A veces uno piensa que el cariño todo lo puede, pero la mente humana es un ente tan poderoso que la ciencia no ha podido dilucidar casi nada de ella por más que lo ha intentado; cuando se toma revancha por nada y ejerce todo el control de un organismo por medio de maniobras tan pérfidas como la tristeza, cuesta mucho hacerla entrar en razón y lograr que entienda el daño que involuntariamente causa.
Me pregunto qué es lo que debo hacer para que esta persona querida regrese a aquel estado, donde el solo hecho de ver el sol matinal le significaba una sonrisa y un deseo de vivir el día con energía y ganas de descubrirlo. Quisiera tener las facultades psicológicas para sacarla de allí y ponerla a ras de piso, donde la vida se vive de dulce y agraz, pero siempre con la convicción de la sonrisa por felicidad y la lágrima por aprendizaje y crecimiento. Siempre he sido bueno para quejarme, pero la vida es más linda que fea, y me gustaría poder mostrárselo, enseñárselo…
Me pregunto si todo mi cariño será suficiente para encontrar las armas que me permitan ir despejando su cielo, e ir volviéndolo de aquella tonalidad azul que hace tan buena combinación con su risa. Me gustaría pensar en los actos precisos que le ayuden a subir a la cima de donde pueda despegar y volar muy alto con esas alas plateadas que hoy descansan en su espalda; sólo el cariño grande que siento me ha ayudado a imaginar los gestos que pueden arrancar desde aquella negrura la esencia escondida pero siempre presente de una persona especial como pocas hay en este mundo.
Me pregunto si la humildad de estas palabras llegará a aquel corazón bullente de vida, que hoy está un poco apresado entre los barrotes de la tristeza. Me pregunto cuanto falta para poder ver a esta ave remontar el vuelo del que nunca debió bajar. Me pregunto si los fantasmas que acosan su existencia desaparecerán de una vez, para no eliminarlos con mis propias manos. Me pregunto si, por una vez, soy capaz de luchar contra el frío y la oscuridad sólo para regalarle los gestos que necesita para ser como siempre debe ser. Me pregunto si aquella canción regocijará su oído.
Me pregunto si el amistoso cariño con el que te escribo servirá para hacerte sonreír…
Ser amante es ser un pecador, porque se está interfiriendo con el proceso normal que vive una pareja de ‘vivir en pareja’ (valga la redundancia) y aprender de sus etapas y problemas, quizá finalizándolo todo o fortaleciendo el vínculo. ¿Quién es el amante para venir y levantar a la persona para sumergirla en un mundo de amores furtivos y riesgosos, aportillando el vínculo y precipitando su fin? Nadie tiene ese derecho, y me imagino que a pocos les gustaría que una tercera persona asomara la nariz dentro de la institución llamada relación que ha fundado con esfuerzo y amor.
mente de los demás (ganas no nos faltan) para entender eso, así que algo tendrá que haber en nosotros que nos haga acercarnos y formar lazos con gente que termina siendo incluso más psicopatológica que nosotros. Los círculos viciosos en los que nos hemos visto envueltos dan para varios volúmenes, y este blog ya es un mudo testigo.
Al rato vinieron los tumbos acostumbrados del rechazo, de la humillación, del estrellarse contra esa piedra conocida y hostil que no quiere nada conmigo. Gracias a ella me doy cuenta de lo lamentable que puede ser mi comportamiento, y de los límites a los que puedo llegar por querer, por seguir esperando, por intentar. A veces pienso que no tengo por qué rogar a nadie, porque valgo más que un vacuo ‘espérame… que vendré por ti’. No lo sé. Creo que quiero otras cosas, y creo que tengo que mirar años por sobre mis años que años bajo mis años; creo que esa es la respuesta a mis preguntas (sí, creo que esta vez sí creo).
La gente merece cada vez menos mi credibilidad. Hay muchos peces en el mar y hay también varios mares, pero las ganas de nadar, navegar o pescar en ellos ya casi no existen. El tiempo vale oro por estos días, y no me puedo dar el lujo de seguir perdiéndolo con la podredumbre que encuentro; a medida que corren los días que hacen los meses de esta vida, más me acomoda la estable aunque fría soledad en la que habito. Aún soy un niño, lo sé, pero estas conductas son las que marcan precedente para todo lo que aún hay que vivir. ¿Me estoy convirtiendo en un caminante sin caminos para andar?
Fuera de los desagradables comentarios que lo hicieron tristemente famoso hace un tiempo, cuando ofreció ‘bolsas de basura’ para sacar a los chilenos del Perú, ahora sale con declaraciones quizá menos venenosas, pero que a la larga pueden ser muy desafortunadas para las buenas relaciones que mantiene Chile desde hace tantos años con el vecino país. El señor Donayre opina que Chile tiene ‘una actitud belicista’ para con el Perú, y que ‘deben estar con el ojo avizor’ ante el ataque que pueden recibir en cualquier momento desde nuestro país.
Paulo Iglesias, Sandy, Felo, Dino Gordillo, Bombo Fica, Alvaro Salas… grandes humoristas que han pasado por nuestro país se van sucediendo uno tras otro en la pantalla, por espacio de incluso dos horas. Si uno los ve más de tres días seguidos los chistes se repiten, los escenarios también, y de a poco va perdiendo la gracia de la risa fácil que te puede arrancar un chiste que hace años no escuchas. Entiendo que haya poca inventiva para poner programas nuevos; entiendo que tampoco haya mucho dinero para las grandes producciones de antaño… pero ya es como mucho.
‘ una vez que ya la hizo o cuando ya no puede evitarse. La hermosa pero pueril ingenuidad con la que los seres humanos nos movemos por el mundo nos hace dañar a gente sin querer, o pecar por omisión en actos que estuvo en nuestras manos detener. Y como buenos seres pensantes que somos, luego de pasado todo lo que tenía que pasar nos sentamos, miramos hacia atrás hasta dar con el principio del asunto, lo recorremos… y la conciencia dispara el primer tiro de Bengala al cielo.
que con sólo mirarme saben qué me pasa, y qué me falta o me sobra para estar mejor.
fue. Cuesta un montón, pero hay que hacerlo.