Sallie sabe que es más tonta que las tontas, y con el tiempo le ha sacado hasta provecho a su tontez sin remedio. Le ha servido para ser más fría y calculadora, para creerle menos a los hombres que tratan de embaucarla, para focalizarse con fuerza en sus pocas virtudes y no parecer tan tonta, e incluso para hacerse la inteligente aconsejando a otros a no caer en sus propios errores de tonta incorregible. Pero no podía ser todo miel sobre hojuelas en la estabilidad de Sallie, porque quiso pasarse de lista y actuar como inteligente en la vida… craso error.
Sallie pensó que el momento había llegado. Se atrevió a avanzar por el camino boscoso y entre cerros de la encrucijada, y fue caminando a paso firme pensando que al otro lado del bosque y las cuestas encontraría lo que buscaba. Llevaba tanto tiempo viviendo en la incredulidad y la anodinia, que quiso dárselas de sabia y tomar las riendas del asunto, pensando que esta vez no estaría sola, y que las manos que veía cerca de las suyas se atreverían junto con ella a sujetar fuerte las cuerdas, y guiar todo hacia un destino común, aquel destino que ella esperaba…
Sallie estaba segura de que él sentía lo mismo, y no se le pasó por la mente alguna posibilidad de error. Las señales eran clarísimas, lo que él le decía era clarísimo, lo que ella sentía era clarísimo, la magia que iluminaba la noche cuando hablaban era clarísima, los minutos dulces de paseo y conversación eran clarísimos… en fin, no podía equivocarse. Estaba asombrada de la complicidad que tenía con él, y no sólo porque todo ocurrió tan lento que no se dio cuenta, sino que también le llamaba la atención que se gestara para ella una relación con ribetes tan místicos, tan etéreos… pensó que nunca más le pasaría algo así.
Cada día se le hacía más corto pensando en lo que comenzaba a sentir, y volvía a alargarse cuando pensaba en cómo se lo diría. Sallie quería que el tiempo hablara por ella, y que todo se diera en ese contexto de magia que ya era bastante dulce y acogedor, pero no quería dejar pasar la oportunidad antes de que algo o alguien se la arrebatara. Su tonta inseguridad afloró, y el miedo a verse sin lo que aún no tenía la movió a intentar la estrategia de decirlo, de liberarse, de ser ella misma ante él y esperar la respuesta obvia del cariño correspondido.
Pero había olvidado lo tonta que es, y tampoco recordaba por qué la vida la había curtido para no creer tan fácil en la magia y las cosas bonitas que le suceden. Él nunca sintió lo mismo, él nunca la quiso, él nunca vio algo de lo que a ella le parecía tocar, él no se dio cuenta de ninguna de esas claras señales que a Sallie la abrumaban y la sumergían en esa modorra dulce que la hizo hablar como la más triste de las tontas. Porque una tonta digna se queda callada porque sabe que no dirá algo inteligente, pero a Sallie pensó que ya no era tonta, tiró lejos la dignidad y se convirtió en una tonta lamentable. Una tonta que da pena.
Ahora está allí, en un rincón de su pieza, sentada mirando el suelo, preguntándose qué hizo mal esta vez. Preguntándose qué defectos le vio para no quererla. Preguntándose por qué no quiso quererla, si ella pensaba que él podía tener todo lo que necesitaba. Preguntándose por qué no quiso quererla, si ella sólo tenía cariño para darle. Preguntándose tantas cosas…
Pero bien merecido se lo tiene. Por tonta.
¿Lección? La credulidad la vuelve una tonta lamentable. Hay que eliminarla de raíz. Ya nadie se la merece.
Iba tan tranquila por la vida, avanzando despacio y disfrutando de la gente con la que se encontraba, que llegó de pronto a una bifurcación donde ya no hay nadie, y no sabe para donde cortar. Ambos caminos se ven iguales en el comienzo, ambos destinos se ven parecidos en esencia, pero Sallie sabe que esta vez no puede elegir a la ligera… o más bien lo siente. Y cuando Sallie siente cosas es cuando más feo se equivoca, y cuando más profundo cae. Las veces que intenta usar la razón suele acertar, porque puede ponerse muy fría y calculadora. Pero esta vez siente, y sabe que eso es muy peligroso.
ha cometido los errores más gordos de su vida. ‘Experiencia’ le llaman ahora a equivocarse de narices.
semanas, un amigo suyo le dijo que ‘estaba más amarga que nunca’, y desde ese día le ha dado muchas vueltas, pensando en las razones de su comportamiento… y dándose cuenta de que aquel amigo tiene más razón de la que imagina.
actitud, pero por lo visto la luz le gusta mucho, y tiene la cabeza bien dura.
Bueno, hay que decir que tenía un par de amigos abiertamente homosexuales y escandalosamente amanerados, pero ella ya no los sentía como hombres; de hecho ni le molestaba sacarse la ropa delante de ellos, porque sabía que dentro de esos cuerpos no quedaba un suspiro de deseo masculino. Hasta ahora no había usado la tolerancia con ellos porque no era necesaria, pero sí blandía el sable cuando alguien se reía de uno de sus amigos en la calle, o tenían algún problema en cualquier parte; Sallie desenvainaba su tolerancia y brillaba al sol, y con gesto amenazante enseñaba a los ignorantes a respetar las formas y la vida humana con todos sus bemoles.
que su amiga le preguntó qué pasaba.
No le faltan. Y un hecho que ha sido bastante común entre estos seres que han pasado por su vida es que han querido ser ‘amigos’ de ella una vez que han metido sus patitas hasta las rodillas en el barro. Sallie se ha lucido en su tontez aceptándolo, e incluso sigue siendo amiga de varios de ellos y no dejaría de serlo por nada del mundo, pero ahora que han pasado los años y la mente se le ha aclarado un poco, se ha dado cuenta de que ninguno de esos humanoides merece que ella los llame amigos. Para Sallie la amistad es una cosa sagrada, y con todos ellos el concepto está totalmente reñido con la realidad y sus sentimientos.
Bailaba Sallie animadamente, cuando sintió que una mano rozaba la suya… y un estremecimiento extraño la recorrió cuando se encontró con esa mirada extraña, pero agradable y cálida.
Me pregunto qué es lo que debo hacer para que esta persona querida regrese a aquel estado, donde el solo hecho de ver el sol matinal le significaba una sonrisa y un deseo de vivir el día con energía y ganas de descubrirlo. Quisiera tener las facultades psicológicas para sacarla de allí y ponerla a ras de piso, donde la vida se vive de dulce y agraz, pero siempre con la convicción de la sonrisa por felicidad y la lágrima por aprendizaje y crecimiento. Siempre he sido bueno para quejarme, pero la vida es más linda que fea, y me gustaría poder mostrárselo, enseñárselo…