Las últimas cosas que le han pasado a Sallie no han sido causa de su tontez, que sigue siendo la reina pero estaba descansando por ahí, tirada en el pasto tomando sol. Durante esas mini-vacaciones Sallie siguió siendo tonta, pero se sintió un poco más humana y normal al percibir dentro de ella sensaciones y estados distintos, como la valentía, la amargura y la rabia. Pero hoy, cuando ya es de noche en este rincón del mundo, la tontez regresó con sus maletas llenas de arena y su energía cargada a tope para recordarle a Sallie que solo dos o tres plagas de Egipto juntas podrán aniquilarla.
Sallie está en una encrucijada, y justo cuando mejor le venían las vacaciones de su tontez perpetua, se le ocurre regresar. No está entre la espada y la pared porque puede salir corriendo fuera del camino y perderse entre los árboles de un lado o el desierto del otro, para ver que hace y qué nuevos caminos se topa en su escape. Quizá esa sería la mejor solución, pero como es tonta y ahora lo es con fundamentos, no dudo en que se quedará donde mismo, pensando mientras el sol pasa una y otra vez sobre su cabeza y el tiempo se va agotando para ella y para el mundo.
Iba tan tranquila por la vida, avanzando despacio y disfrutando de la gente con la que se encontraba, que llegó de pronto a una bifurcación donde ya no hay nadie, y no sabe para donde cortar. Ambos caminos se ven iguales en el comienzo, ambos destinos se ven parecidos en esencia, pero Sallie sabe que esta vez no puede elegir a la ligera… o más bien lo siente. Y cuando Sallie siente cosas es cuando más feo se equivoca, y cuando más profundo cae. Las veces que intenta usar la razón suele acertar, porque puede ponerse muy fría y calculadora. Pero esta vez siente, y sabe que eso es muy peligroso.
Un camino es muy parecido al que camina ahora, y supongo que sería el que la mantendría más parecido a como está hoy y estuvo ayer; no sé bien si puedo llamarlo ‘estable’ (si ni ella lo sabe) pero por lo menos eso parece. El otro camino es más inestable y se ve poco, porque se interna entre cerros altos y frondosos de árboles y se pierde enseguida. Sallie lo mira más que al otro porque siente (raíz del peligro) que allí encontrará las cosas que espera hace tiempo; no sabe tampoco qué cosas son en particular, porque la desorientación la pierde un poco más, pero algo se lo dice… algo apoya su sentir. Más peligro aún.
Atreverse a seguir esa senda puede hacerla perderse nada más comenzar. Antes de entrar en los sinuosos cerros debe atravesar un puente colgante muy frágil que no parece resistir el peso de un ser humano como ella, que aparte de su humanidad debe cargar con una tontez que es cada vez más gorda (vieran como llegó de sus vacaciones). Algo le dice que si logra cruzarlo encontrará cosas buenas, y está dispuesta a intentar cruzar… pero no sabe lo que hay en el abismo bajo él, y si se asoma a ver no le quedará más remedio que intentarlo; ese algo que le habla la empujará sin remedio.
Sallie no tiene miedo, pero la duda la consume. Quisiera ver señales en el camino que le digan si debe atreverse o no a cruzar, pero como es tan tonta no verá nada… o malinterpretará la nada como señales, y caerá al vacío nada más poner un pie sobre el puente. El viento la golpea en la cara con un susurro que entiende como de valentía, la tontez le pesa más que de costumbre, y da un paso… siente que un imán la atrae hacia los cerros y que ese algo que le habla ahora lo hace más fuerte, pero mira al lado y ve al otro camino, y vuelve a retroceder un paso. Y el tiempo sigue corriendo…
No sabe si desear la valentía final, la inteligencia final… o las dos o tres plagas de Egipto que le alivianen el peso de la mente y del corazón. El paso espera por ser dado, y no puede tardar mucho más.
ha cometido los errores más gordos de su vida. ‘Experiencia’ le llaman ahora a equivocarse de narices.
semanas, un amigo suyo le dijo que ‘estaba más amarga que nunca’, y desde ese día le ha dado muchas vueltas, pensando en las razones de su comportamiento… y dándose cuenta de que aquel amigo tiene más razón de la que imagina.
actitud, pero por lo visto la luz le gusta mucho, y tiene la cabeza bien dura.
Bueno, hay que decir que tenía un par de amigos abiertamente homosexuales y escandalosamente amanerados, pero ella ya no los sentía como hombres; de hecho ni le molestaba sacarse la ropa delante de ellos, porque sabía que dentro de esos cuerpos no quedaba un suspiro de deseo masculino. Hasta ahora no había usado la tolerancia con ellos porque no era necesaria, pero sí blandía el sable cuando alguien se reía de uno de sus amigos en la calle, o tenían algún problema en cualquier parte; Sallie desenvainaba su tolerancia y brillaba al sol, y con gesto amenazante enseñaba a los ignorantes a respetar las formas y la vida humana con todos sus bemoles.
que su amiga le preguntó qué pasaba.
No le faltan. Y un hecho que ha sido bastante común entre estos seres que han pasado por su vida es que han querido ser ‘amigos’ de ella una vez que han metido sus patitas hasta las rodillas en el barro. Sallie se ha lucido en su tontez aceptándolo, e incluso sigue siendo amiga de varios de ellos y no dejaría de serlo por nada del mundo, pero ahora que han pasado los años y la mente se le ha aclarado un poco, se ha dado cuenta de que ninguno de esos humanoides merece que ella los llame amigos. Para Sallie la amistad es una cosa sagrada, y con todos ellos el concepto está totalmente reñido con la realidad y sus sentimientos.
Bailaba Sallie animadamente, cuando sintió que una mano rozaba la suya… y un estremecimiento extraño la recorrió cuando se encontró con esa mirada extraña, pero agradable y cálida.
Me pregunto qué es lo que debo hacer para que esta persona querida regrese a aquel estado, donde el solo hecho de ver el sol matinal le significaba una sonrisa y un deseo de vivir el día con energía y ganas de descubrirlo. Quisiera tener las facultades psicológicas para sacarla de allí y ponerla a ras de piso, donde la vida se vive de dulce y agraz, pero siempre con la convicción de la sonrisa por felicidad y la lágrima por aprendizaje y crecimiento. Siempre he sido bueno para quejarme, pero la vida es más linda que fea, y me gustaría poder mostrárselo, enseñárselo…
Ser amante es ser un pecador, porque se está interfiriendo con el proceso normal que vive una pareja de ‘vivir en pareja’ (valga la redundancia) y aprender de sus etapas y problemas, quizá finalizándolo todo o fortaleciendo el vínculo. ¿Quién es el amante para venir y levantar a la persona para sumergirla en un mundo de amores furtivos y riesgosos, aportillando el vínculo y precipitando su fin? Nadie tiene ese derecho, y me imagino que a pocos les gustaría que una tercera persona asomara la nariz dentro de la institución llamada relación que ha fundado con esfuerzo y amor.